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    Luis Filcer  l  Gallery  l  Semblance  l  CV    
         

 

 

TRUTH AND INJUSTICE

The painting of Luis Filcer is the expression of a modern, multifaceted, unversal artist, whose spiritual formation is rooted in a variety of cultures. His strong, minimalist style, devoid of all superfluos detail, is intended to make the spectator not only observe, but to make him think.
His art is not the scene of tranquility; it is the whirlwind of truth, justice and hope. Born in the Ukraine and having lived for long periods f his adult life in bothe Europe and México, his formation is based on certain primordial elements of these cultures, which he has molded into a common denominator within a modern and personal style which places him at the vanguard of expressionism.
His themes and colors appear at times in discord, like echoes from a symphony by Shostakovich or Satie –brother artists in spirit, full of socialism criticism, who despite al their inner anguish, show touches and even occasional bursts of black humor, thus spanning a wide range of human conflict.
Landscape and still life are not subjects that capture much of Filcer’s interest; for him the conflict of every-day existence is what stirs his unnermost passion and provides the inspiration for most of his work.
The influence of the european post-impressionists and expressionists can also be detected in his style, particularly by painters such as Munch and Van Gogh who, in turn influrnced by japanes graphic art, avoided superfluous.
Filcer loves humanity; what evoques his interest is the plight of “les miserables” the characters of the Human Comedy, of the subway passengers. The defeated, the prostitutes, the dreamers –these are the characters he paints with dignity in a frank, harsh criticism of society. Ultimately, Luis Filcer´s primordial theme is represented by hope in the history of mankind, which descends to the levels of injustice and misery in order to understand the difference between good and evil, once having gained this knowledge, can recapture its highest peaks with the wisdom that only experience can bring about.

Daniel Weinfeld

 


La pintura de Luis Filcer es la expresión de un artista moderno, multifacético y políglota que ha sido formado espiritualmente por varias culturas y que con estilo fuerte, minimalista, exento de detalles superfluos, intenta hacer pensar al observador. Su pintura no es representante de la tranquilidad, sino que es un torbellino en la búsqueda de la verdad, la justicia y la esperanza.

Habiendo nacido en Ucrania y radicado por largas temporadas en Europa y en México, él ha sido formado por ciertos elementos primordiales de esas culturas y los ha fusionado en un común denominador con una expresión moderna y personal que lo ponen a la vanguardia del expresionismo.

Sus temas y colorido son en ocasiones discordantes, como ecos en una sinfonía de Shostakovich o de Satie; artistas hermanos de espíritu llenos de crítica social, que aunque representan una angustia interna, a la vez tienen toques y destellos ocasionales de humorismo negro, representando así la amplia gama de la problemática humana.

Los paisajes y la naturaleza muerta no tienen mucho interés para Filcer; para él, es el conflicto de la vida cotidiana lo que lo apasiona+ y que plasma en casi toda su obra.

La influencia de los post-impresionistas y expresionistas europeos, también son determinantes en su estilo. En particular, pintores como Munch y Van Gogh, que influenciados por la gráfica japonesa evitaron pintar lo superfluo.

Filcer ama a la humanidad y son los miserables, los personajes de la Comedia Humana, o del juicio de Kafka, los que viajan en el metro, los que mantienen su interés. Son los derrotados, las prostitutas y los soñadores a quienes pinta con dignidad en una franca y acerba crítica social.

En suma, el tema primordial de Luis Filcer es la esperanza representada en la historia del hombre que cae para conocer la maldad, la injusticia y la miseria, con el objeto de conocer la diferencia entre el bien y el mal; y que una vez habiendo adquirido sabiduría, pueda volver a remontarse a las alturas, con conocimiento de causa.

Daniel Weinfeld

 


Nace en 1929 en Ucrania

Luis Filcer emigra a México a los pocos meses de vida. Inicia su formación plástica en la Academia de San Carlos, fue alumno del pintor español José Bardasano. Continúa sus estudios becado en París y Roma, luego vivió durante veinte años en Holanda.

Su regreso a México, dota a Filcer de un lugar ganado a pulso como artista expresionista (o post-expresionista según algunos críticos).

Ha participado en más de 300 exposiciones además de representar honrosamente a México en tres bienales internacionales (Santiago de Chile; Tokio, Japón, y Brighton, Inglaterra). Su obra formó parte de la muestra de 20 expresionistas contemporáneos en el Grand Palais de París, Francia.

Fincada en un magistral manejo del color, la propuesta plástica de Luis Filcer, viaja con un afinado ritmo emergiendo de la sombra en cada lienzo. La incidencia luminaria se ve explotada a todas sus posibilidades y, precisamente así, crea la atmósfera que enmarca figuras antropomorfas, que podrían ser vistas como la imagen central, pero que dependen íntimamente del espacio no descrito allende de luz.

Para cada temática Filcer ocupa un color en toda su extensión que dota a la imagen de un carácter emotivo, como es claro en su cuadro “El prisionero”, obra resuelta en azul, a propósito de frialdad de la celda y los blues de ese yo tras la reja. En este sentido los contenidos mostrados por el artista son integrados completamente desde el nombre de la obra hasta el color y sus obscuridades.Hay pues en la obra de Filcer una correspondencia sistemática entre color y emoción. A cada una de sus obras les corresponde no solo una reflexión de corte social, si no también y en mayor medida una reflexión en el sentido de las emociones que experimenta el actor en su contexto y el observador, quien es conmovido cotidianamente por las imágenes que el mundo nos trae para confrontarnos con la persona que somos.

En lienzos de gran formato, trípticos y dípticos, muestra una pincelada firme que termina en la intencionalidad gestual de sus personajes, dada con variados recursos como lo son pinceladas finales, texturas, rasgos expresivos definidos con plastas, esgrafiados que encarnan la profundidad del personaje y más que ser la de un elemento de la técnica expresionista son la sincera muestra de la búsqueda de un interior del personaje, recreado por el artista y su rasgar en la emotividad de la imagen misma del espectador.

Una pincelada fuerte que acentua muy discretamente la propuesta general de la obra, texturas que marcan la multiplicidad de sensaciones y planos en los que son vistas las imágenes cotidianas y que en este sentido pierden su normalidad para convertirse en un detalle que incita a la reflexión interior, y esgrafiados que tal vez sean no solo técnicamente si no textualmente el mayor logro de Filcer en el sentido de el encontrar en el otro sea el personaje central o no una profundidad develada al chocar con el ojo ajeno que le dota de un valor y un sentido único y profundamente íntimo.

El artista define todos los detalles con un equilibrio sutil y definitivo pues en, “Esperando a Dios”, es patente como el primer plano oscurecido, el pesado negro, es equilibrado con detalles sobre la luz, en su obra general podemos ver como modula y emplaza el espacio obscureciendo un gesto en contraposición con la premisa bruna de la forma. Como si la oscuridad dotara a luz de sus detalles ostensibles.

El expresionista (o post-expresionista) conserva la necesidad de tocar con sus temas la incidencia destructora de la actualidad, de alguna manera vivimos aún en una guerra, que nos saca de casa para enfrentarnos con el enemigo: ya sea en el metro, la iglesia, la prisión o el espejo, para lo cual seguimos sin estar preparados, de modo que el tema sigue siendo, la fiera humanidad, pues ya sea en “Aquelarre” o en “El Gran Inquisidor” nos encontramos con rasgos que en sí mismos son la fatalidad que en su presunto ocultamiento se hace aún más patente.

Revelarse a si mismo a través de las cotidianidades es la magistralidad de esta colección. Hay una clara demanda a la realidad hecha metáfora con la luz, cuando lo que prevalece es la sombra hay que definir el espacio lumínico para hacer un poco de verdad.

Filcer saca luz entre las sombras como una obstinada búsqueda de no huirle al dolor que está ya manifiesto y difuminado. Lo que parece poco claro sigue confrontándonos a pesar de lo ensombrecido que esta el otro en nuestro día a día.

Enfrentarse a una colección de Filcer, es plantarse en el teatro de las máscaras, escenario que es la cotidiana soledad del ser humano, personajes metidos tras disfraces que son una mueca que pretende ocultar el inocultable mundo interno. Por ponerlo de una manera, asistir a una de sus exposiciones implica exponerse a sí mismo con sus mascaras y demonios, con su actualidad y con su permanente “Esperar a Dios”.

Hay que mirar como van tomados de la mano estos conceptos y estos lienzos. Y de verdad hay que mirar cuando el autor lo presenta con tan profunda discreción, pero una vez visto no hay quien detenga la fiereza de la propuesta del mismo modo como se puede evitar la fiereza de la vida misma.

Filcer es alumno destacado de la vida, mostrando en su lienzo el aprendizaje de lo cotidiano, el manejo lumínico de Rembrandt y el encarnizamiento en la entrañable denuncia de Goya.

 


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  Patricia Mendoza Art Gallery ©